Los Colosos de Memnón y un peculiar sonido


Los Colosos de Memnón son dos estatuas de piedra maciza en la orilla oeste del río Nilo, frente a la moderna ciudad de Luxor, en Egipto. Las estatuas son increíblemente altas, de unos 18 metros cada una. Representan al faraón Amenhotep III, el cual reinó en el antiguo Egipto hace unos 3.400 años.

Las estatuas gemelas representan al faraón en una posición sentada, con las manos sobre las rodillas y la mirada hacia el este, hacia el río. Durante una época, esta fue la puerta de entrada al templo de Amenhotep, una construcción de proporciones masivas construida durante la vida del faraón, donde fue adorado como un dios de la tierra.

Cuando se construyó, el complejo del templo era el más grande y opulento en Egipto, aunque muy poco del templo sigue en pie hoy en día. Las inundaciones anuales del Nilo debilitaron sus cimientos, hasta que faraones posteriores decidieron demoler el templo y reutilizar los materiales para otros edificios. Las estatuas se salvaron, a pesar de su alto nivel de deterioro.


Los colosos en el siglo XIX.

Hay una interesante leyenda detrás del nombre de este monumento. En el año 27 antes de Cristo, un gran terremoto dañó el coloso situado más al norte, destruyéndole de cintura para arriba y agrietamiento la mitad inferior. Después de su ruptura, la mitad inferior restante de la estatua comenzó a producir un extraño sonido musical, por lo general en la madrugada, probablemente causado por el aumento de las temperaturas y la evaporación del rocío que “jugaba” en las grietas en la estatua. Los turistas griegos y romanos, los primeros que llegaron atraídos por el peculiar sonido, le dieron a la estatua el nombre de “Memnon”.

“Memnon” fue un héroe de la guerra de Troya, un rey de Etiopía, que condujo a sus ejércitos a la defensa de Troya, pero que finalmente murió a manos de Aquiles. Se dice que “Memnon” era el hijo de Eos, la diosa de la aurora, y que después de su muerte, la madre derramaba lágrimas de rocío cada mañana. El “canto” de las estatuas se atribuyó al luto de la madre por la muerte de su hijo, o tal vez, a que Memnon cantase con su madre. Muchos de los primeros visitantes ni siquiera sabían que eran estatuas en honor a un faraón muerto. Pensaron que eran las estatuas del propio Memnon.

La primera referencia escrita a los sonidos de la estatua norte, viene del historiador y geógrafo griego Estrabón, que afirmó haber escuchado el sonido durante una visita en el años 20 antes de Cristo. Estrabón dijo que sonaba “como un golpe”. Por otro lado, el viajero griego y geógrafo Pausanias, comparó el sonido con el de “las cuerdas de una lira”. Otros lo describieron como simplemente silbidos.


Dos figuras talladas a los pies del faraón Amenhotep III: su esposa Tiy y su madre Mutemwiya

Durante más de dos siglos, las estatuas atrajeron a miles de viajeros tierras lejanas, incluyendo varios emperadores romanos. En las bases de la estatuas se encuentra inscripciones que realizaron estos visitantes, en las que plasmaban si habían escuchado, o no, el sonido. Alrededor de 90 inscripciones siguen siendo legibles actualmente.

Alrededor del año 199 después de Cristo, el emperador romano Septimio Severo reparó la estatua, y sonido nunca más se volvió a escuchar. Hoy en día, una carretera moderna corre a lo largo de las ruinas del templo, a pocos metros de las estatuas de Amenhotep III, degradando la historia de un gran faraón a una mera atracción de carretera.





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