Museo del Arte Malo


En raras ocasiones en una tienda de segunda mano o en una casa de empeño se pueden encontrar artículos de gran valor, aunque eso sí, en estos lugares nunca nos encontraríamos con personas como el director del museo del Louvre o del Metropolitan. Sin embargo, Michael Frank es el director de un museo de una “raza diferente”, y una tienda de segunda mano es exactamente el tipo de lugar que visita cada vez que quiere enriquecer la colección de su museo.


“Charlie y Sheba”, una pintura en el Museo de Arte Malo, en la que “el arte es demasiado malo para ser ignorado”.

Frank trabaja para el Museo de Arte Malo, el único museo en el mundo “dedicado a mostrar lo peor del arte a la mayor cantidad de públicos”. El museo cuenta con tres galerías en Brookline, Somerville y South Weymouth, todo en el área de Boston, donde hasta setenta piezas de arte atroz se muestran a la vez.


“Lucy en el campo con las flores”, la pintura que inspiró la creación del museo.

El Museo de Arte Malo (Museum of Bad Art), o “MOBA”, comenzó su andadura hace más de veinte años, en 1.994, cuando el distribuidor Scott Wilson descubrió una pintura en la basura (la ahora icónica Lucy en el campo con las flores) y la mostró a sus amigos, que a continuación, sugirieron que iniciara una colección. Wilson adquirió unas cuantas piezas más, igualmente terribles, y comenzó a celebrar recepciones en la casa de un conocido. Durante un año, estas exposiciones fueron muy concurridas, lo que impulsó a Scott a llevar su colección a un ruinoso sótano de un teatro de la comunidad en Dedham, en Massachusetts. Cuando el edificio se vendió, encontró un hogar permanente en la antigua sala de cine Somerville, situada al lado de los aseos de hombres, donde el sonido constante del inodoro y los malos olores crearon un peculiar ambiente apropiado para una museo dedicado a preservar lo mejor de lo malo.

Más tarde, dos galerías adicionales fueron abiertas en Brookline y South Weymouth, cerca de Boston.

El museo adquirió su colecciones de tiendas de segunda mano, mercadillos, ventas en garajes y cubos de basura. A menudo, los propios artistas hacían sus donaciones. Todas las obras del museo museo debían pasar por un riguroso proceso de revisión. No se permitían obras de niños pequeños o de arte percibido tradicionalmente como menor en la calidad, tales como pinturas de terciopelo negro, pinturas por números, lo kitsch, o piezas turísticas hechas en fábrica.

“Lo que buscamos son piezas de trabajo que se realicen en un intento de hacer algún tipo de declaración artística, pero en la que está claro que algo ha fue mal“, dice Michael Frank.

Nueve de cada diez piezas no son aceptadas en el museo porque no son lo suficientemente malas” dijo la co-fundadora Marie Jackson. “Lo que un artista considera que es malo no siempre cumple con nuestros bajos estándares”.

Si quieres puedes ver más obras de este museo en su página oficial dando click aquí.





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