Shirokorechenskoe, el cementerio de los mafiosos


El cementerio Shirokorechenskoe, situado en las afueras del suroeste de Ekaterimburgo, en Rusia, es el lugar de descanso de muchos vecinos famosos, entre los que destacan populares artistas, científicos y héroes de la Segunda Guerra Mundial. Aquí, las tumbas se adornan con esculturas funerarias inusuales, incluyendo relieves, joya y grabados con láser en el granito.

En una sección del cementerio, entre unos pinos, se pueden ver algunas de las tumbas más elaboradas. Las enormes lápidas de granito cuentan con tallas de gran realismo fotográfico que representan hombres con trajes caros y chaquetas de cuero, cadenas de oro y tatuajes, sosteniendo un cigarrillo o las llaves de un Mercedes en sus manos. A menudo, los propios coches serían grabados al fondo de la imagen, a veces acompañados de mujeres. Estas extravagantes tumbas pertenecen a gángsteres que murieron violentamente durante las guerras entre bandas de los turbulentos años 90.

Tras la desintegración de la Unión Soviética en la década de 1.990 y la rápida transición de la región a la economía de libre mercado, todo el bloque soviético, y Rusia, en particular, se encontró en una total anarquía, lo que resultó en el fuerte aumento del crimen organizado. La lucha de poder entre las diferentes facciones del Kremlin registró un aumento en los asesinatos, la toma de rehenes y otros violentos crímenes.

La ciudad de Ekaterimburgo se convirtió en el centro de las guerras de bandas gracias a un grupo con sede en la ciudad. El grupo se autodenominaría Uralmash. Fundado a finales de 1.980, Uralmash consolidó el control de varias empresas de la ciudad durante la transición, incluyendo la famosa fábrica de Uralmash. Los beneficios obtenidos a partir del crimen organizado pasaron a ser reinvertidos en un gran número de empresas legítimas, ampliando el alcance del grupo.

Durante la década de 1.990, el grupo Uralmash luchó en feroces guerras internas, enfrentándose también con la banda rival Central Gang. Hubo tantas bajas que muchos miembros compartieron tumbas en el cementerio de Shirokorechenskoe. Sus lápidas fueron decoradas de la manera más extravagante posible, con imágenes de los clásicos gángster. Algunas de las lápidas no solo muestran sus nombres, sino también sus apodos y sus habilidades particulares. Por ejemplo, en una lápida se lee “un experto en lanzamiento de cuchillos” y en otra “poseía habilidades mortales luchando con su puño”.

A finales de la década, muchos de los líderes de la mafia que sobrevivieron formaron un partido político. Ahora, estos ex miembros de bandas son dueños de centros comerciales, hoteles y bares en Ekaterimburgo. Sin embargo, algunos todavía están involucrados en actividades criminales y en el crimen organizado. Según una estimación, el 30% de la economía rusa está todavía en manos de mafiosos.





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