Zoroastrianos y Torres del Silencio


Los zoroastrianos, a lo largo de los años, han tenido una forma inusual de disponer a sus muertos. Ni se enterraban ni se incineraban. En su lugar, los cadáveres se dejaban encima de altas torres conocidas como “dakhmas”, o “Torres del Silencio”, en las que se exponían a los elementos y eran consumidos por las aves carroñeras como buitres, milanos y cuervos. Esta práctica funeraria macabra surgió de la creencia de que los muertos son impuros, no solo físicamente debido a la descomposición, sino porque están contaminados por el “cadáver del demonio” ​​y los espíritus malignos que se lanzan al cuerpo tan pronto como sale el alma. El entierro y la cremación se consideran un acto contaminante para la naturaleza y el fuego, algo que los zoroastrianos tratan de proteger. Esta reverencia ha llevado a algunos estudiosos a calificar a los zoroastrismo como la “primera religión ecológica del mundo”.


Una Torre del Silencio en Yazd, Iran.

La práctica zoroástrica de la exposición de los muertos, conocida como “dokhmenashini”, fue documentada por primera vez a mediados del siglo V antes de Cristo por Herodoto, pero el uso de torres llegó mucho más tarde, en el siglo IX.


Recreación de cómo era una Torre del Silencio.

Las Torres del Silencio tienen un techo plano dividido en tres anillos concéntricos, en los que se disponen los cuerpos desnudos: el anillo exterior es para los hombres, el central para las mujeres y el más interno para los niños.


Techo de una Torre del Silencio.

Una vez que las aves comen toda la carne y los huesos expuestos han sido blanqueados por el sol y el viento, se recogen los propios huesos y se acumulan en una fosa de osario en el centro de la torre, para posteriormente añadir cal y permitir que se desintegren gradualmente. Todo el proceso dura casi un año.


Fosa de una Torre del Silencio en Bombay.

Este antigua práctica sobrevivió entre los zoroastrianos ortodoxos en Irán hasta que las dakhmas fueron declaradas peligrosas para la salud. Se convirtieron en ilegales en la década de 1.970, aunque el ritual todavía se practica en la India por las tribus de Parsi, que constituyen la mayor población de zoroastra en el mundo.


Torre del Silencio en la India.

La rápida urbanización y la presión social, han hecho que la utilización de las dakhmas haya sido un tema muy debatido incluso entre la comunidad Parsi. Aunque hay que decir que la mayor amenaza para la “dokhmenashini” no ha venido de los funcionarios de salud pública o de protestas, sino de la falta de buitres.

Los buitres juegan un papel importante en la desintegración de los cadáveres. Estos animales han ido disminuyendo de manera constante en el subcontinente indio desde los años 1.990. En 2.008, su número se redujo en un asombroso 99%, sorprendiendo a los científicos, hasta que se descubrió que un fármaco se administraba al ganado era fatal para los buitres cuando se alimentan de los cadáveres. El fármaco fue prohibido por el gobierno de la India, pero la población de buitres no se recuperó.


Dos Torres del Silencio en Yazd, Irán.

Sin buitres, algunas Torres del Silencio en la India instalaron potentes concentradores solares para deshidratar el cuerpo más rápido. Pero los concentradores solares tenían un efecto secundario no deseado como era el de mantener lejos a otras aves como cuervos durante el día debido al calor. Por otra parte, no funcionan durante los días nublados. Por lo tanto, un trabajo que tomaría solo unas horas para que una bandada de buitres, llegó a durar semanas. A día de hoy, algunas Torres del Silencio, que fueron originalmente situadas en las afueras de las ciudades, se encuentran en los centros de población, y han tenido que ser cerradas por los fuertes olores.


Una Torre del Silencio en Doongerwadi, Mumbai, visible desde las inmediaciones de los rascacielos.





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