¿Cómo se camuflaba un barco en la Primera Guerra Mundial?

A diferencia de un submarino que puede acechar bajo las olas, o un tanque de artillería que puede camuflarse entre los árboles y el terreno circundante, no hay escondite para un barco que expulsa constantemente humo en las aguas abiertas de un océano.

Entonces… ¿cómo se camufla un barco durante la guerra?

Esa fue la pregunta que preocupó a Gran Bretaña durante la Primera Guerra Mundial. Los submarinos alemanes estaban causando estragos en el Atlántico, hundiendo barcos mercantes en cantidades alarmantes. Las ideas que se propusieron incluyeron cubrir las embarcaciones con espejos, disfrazarlas de ballenas gigantes, envolverlas en lienzos para que pareciesen nubes o hacerlas parecer islas.

Sin embargo, a Norman Wilkinson, un teniente de reserva voluntario de la Royal Navy, se le ocurrió una solución ingeniosa: en lugar de tratar de ocultar los barcos, hacerlos más visibles; pintarlos con formas extrañas y violentos contrastes de colores para «deslumbrar» al enemigo.


«Camuflaje deslumbrante» en un barco de la era de la Segunda Guerra Mundial.

«Como era imposible hacer invisible un barco para que no pudiera ser visto por un submarino, la respuesta era todo lo contrario, en otras palabras, había que pintarlo, no por poca visibilidad, sino de tal manera que pudiese confundir a un oficial de submarino con el rumbo al que se dirigía«, contó años después Wilkinson, pintor, diseñador gráfico e ilustrador de periódicos antes de la guerra, sobre su invento.

«Dazzle camouflage» (camuflaje deslumbrante), como se llamó el concepto de Wilkinson, se compuso por una gran variedad de formas geométricas y curvas (rayas, remolinos y abstractos irregulares) en colores contrastantes como blanco y negro, verde y malva, naranja y azul. Estas formas y colores podrían confundir al capitán de un submarino que mirase a través de un periscopio, lo que le dificultaría determinar la forma, el tamaño y la dirección real del barco.

Las formas llamativas en la proa y la popa podrían dificultar la diferenciación entre ellas. Los patrones que interrumpían la forma del barco dificultarían saber cuál era la parte delantera o trasera, e incluso si se trataba de una embarcación o dos. La ilusión sería reforzada por líneas en ángulo para hacer que las chimeneas pareciesen que se inclinaban en otra dirección.


Estas dos imágenes demuestran cómo un camuflaje deslumbrante puede alterar los sentidos del comandante de un submarino. La nave camuflada (izquierda) parece dirigirse directamente hacia el observador, mientras que en realidad (derecha) se dirige hacia la derecha.

Para un artillero de submarinos, que busca alcanzar un objetivo en movimiento a cientos de metros de distancia, la velocidad, la distancia y la dirección del barco son conocimientos esenciales. Predecir con precisión la trayectoria de los barcos es de suma importancia para un impacto exitoso, como explicó Roy Behrens, profesor de la Universidad del Norte de Iowa: «Si eres un submarino apuntando a un barco, tienes que calcular qué tan rápido es ese barco, adónde va, y apuntar el torpedo para que ambos lleguen al mismo lugar al mismo tiempo».

El artillero tenía habitualmente menos de 30 segundos para avistar el barco objetivo a través del periscopio, o arriesgarse a que el periscopio lo viera y revelara la ubicación del submarino. Un submarino típico también llevaba un número muy limitado de torpedos muy caros de movimiento lento, por lo que era importante hacer los cálculos correctamente.

La idea de Wilkinson era «deslumbrar» al artillero para que no pudiera disparar con confianza. Y si lo hacía, que fallase.

 

Probando patrones de camuflaje



Modelos de barcos originales de la Primera Guerra Mundial pintados para probar camuflajes deslumbrantes. Foto: Museo Imperial de la Guerra.

Wilkinson desarrolló cientos de esquemas de camuflaje. Para determinar la efectividad de cada uno, la Royal Academy of Arts creó un modelo a escala de barcos y los pintó con patrones de prueba. Luego se colocaron en un plato giratorio y se vieron a través de un periscopio, usando pantallas, luces y fondos para ver cómo lucirían los deslumbrantes esquemas de pintura en varios momentos del día y de la noche.


Artistas de la Royal Academy of Arts aplicando pintura en modelos de buques de guerra. Foto: Archivos Nacionales y Administración de Documentos.

Wilkinson incluso impresionó al rey Jorge V con uno de estos modelos. Mirando a través de un periscopio, el Rey afirmó que el barco se estaba moviendo «de sur a oeste», solo para sorprenderse al descubrir que se estaba moviendo de este a sureste.

«He sido marinero profesional durante muchos años y no hubiera creído que podría haber estado tan engañado en mi estimación«, llegó a decir Jorge V.


Probando un modelo de barco cubierto con un camuflaje deslumbrante.

 

Puesta en marcha


En menos de un año, tras las pruebas de la Royal Academy of Arts, unos 2.300 barcos británicos fueron pintados con el «camuflaje deslumbrante» de Wilkinson, y al final de la guerra, ese número aumentaría a más de 4.000. Los estadounidenses también adoptaron patrones deslumbrantes para el camuflaje, pintando unos 1.200 buques mercantes con diseños similares.


Barco mercante con camuflaje deslumbrante en Wellington, Nueva Zelanda. Foto: Museo Imperial de la Guerra.

Estadísticamente, es difícil decir si el camuflaje funcionó. En el primer trimestre de 1918, por ejemplo, el 72% de los «barcos deslumbrantes» que fueron atacados se hundieron o fueron dañaron, frente al 62% de los «no deslumbrantes», lo que implica que el deslumbramiento no minimizó el daño de los torpedos. Sin embargo en el segundo trimestre, el 60% de los ataques a barcos deslumbrantes terminaron en hundimiento o daño, en comparación con el 68% de los no deslumbrantes.

patrón de camuflaje de Wilkinson
Postal vintage del USS Leviathan pintado con un patrón de camuflaje de Wilkinson para la Primera Guerra Mundial.

El camuflaje de Wilkinson fue utilizado nuevamente durante la Segunda Guerra Mundial, por los Estados Unidos, en concreto en sus barcos y, como experimento, en un pequeño número de aviones.

Se descubrió que el camuflaje en los aviones era menos efectivo.


USS West Mahomet en el puerto, alrededor de noviembre de 1918. Foto: Naval History and Heritage Command.

Hoy en día, con la tecnología de vigilancia electrónica, un «barco deslumbrantes» ya no ofrecería ninguna protección, sin embargo el camuflaje en general sigue siendo una parte vital de la guerra terrestre.










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