Halvorsen, el bombardero de caramelos de Berlín

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Alemania se dividió en varios territorios. La mitad occidental fue ocupada por los Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, mientras que la mitad oriental fue para los soviéticos. El propio Berlín fue dividido en cuatro zonas, pero estaba completamente rodeado por el Bloque del Este controlado por los soviéticos. Esto permitió a los soviéticos actuar como guardianes que controlaban el flujo de bienes y personas dentro y fuera de la capital.

En junio de 1.948, los soviéticos «cerraron las puertas» de entrada y salida a la ciudad. La idea era matar de hambre a las personas que vivían en Berlín Occidental, lo que eventualmente obligaría a las fuerzas aliadas ocupantes a salir de la ciudad. Pero en lugar de retirarse del oeste de Berlín, Estados Unidos y sus aliados decidieron dejar caer los suministros de alimentos desde el aire. Este esfuerzo, que duró más de un año, llegó a ser conocido como el «Puente aéreo de Berlín«.


Decenas de niños en Berlín Occidental esperando el paso de un «bombardero de caramelos» estadounidense.

El teniente Gail Halvorsen fue uno de los muchos pilotos de transporte aéreo que arrojó suministros a la hambrienta ciudad. También fue fotógrafo aficionado. En sus días libres, Gail solía hacer turismo en Berlín con su cámara. Un día de julio, mientras estaba en el aeropuerto de Tempelhof fotografiando aviones, vio a un grupo de niños detrás de cercas de alambre de púas en el borde de la pista. Halvorsen se acercó a los niños y conversó con ellos a través de la barrera durante aproximadamente una hora. Luego, cuando se levantó para irse, se dio cuenta que ninguno de ellos le había pedido dulces. Esto fue inusual, porque a lo largo de la guerra, donde quiera que fuera Halvorsen, era «acosado» por niños en las calles que le pedían chocolates y chicle. Pero no fue el caso de estos niños.

«Había estado parado por una hora y ningún niño había tendido la mano. Ni uno solo», recordó Halvorsen. «Estaban tan agradecidos por ser libres, que no mendigarían por algo extravagante. Era una gratitud silenciosa. Pero… ¿cómo podría yo recompensar a estos niños?», pensó.


Niños alemanes esperan detrás de una cerca de alambre de púas en algún lugar de Berlín. Crédito de la foto: Fuerza Aérea de EE. UU.

Halvorsen buscó en su bolsillo y sacó dos palitos de chicle Doublemint Gum de Wrigley. Los partió en cuatro pedazos y los distribuyó entre los niños, prometiendo que lanzaría más dulces la próxima vez que volara. Cuando se le preguntó cómo sabrían cuál de los aviones era suyo, dijo que «movería sus alas«.


Gail Halvorsen preparando algunas barras de caramelo adosadas a pequeños paracaídas para niños alemanes en Berlín como parte de la operación Little Vittles. Crédito de la foto: Fuerza Aérea de EE. UU.

De vuelta en la base aérea, Halvorsen recolectó dulces con la ayuda de su copiloto e ingeniero, fabricó pequeños paracaídas con pañuelos y los ató al avión. Al día siguiente, voló sobre el aeropuerto de Tempelhof y dejó caer la carga sobre los niños que esperaban ansiosos. Halvorsen hizo esto mismo una vez a la semana durante tres semanas, y cada vez el número de niños que esperaban en el aeropuerto crecía significativamente. Para suerte de Halvorsen, el comandante del puente aéreo estaba más que feliz de respaldar un esfuerzo semejante, por lo que la conocida como «operación Little Vittles» se hizo oficial.


Gail Halvorsen preparando cajas de dulces para entregarlos a los niños alemanes. Crédito de la foto: Fuerza Aérea de EE. UU.

La cantidad de dulces aumentó constantemente a medida que los compañeros pilotos comenzaron a donar sus raciones. Cuando la noticia llegó a Estados Unidos, comenzaron a llegar dulces y chocolates de todo el país, hasta que Halvorsen ya no pudo seguir el ritmo de los suministros. Un estudiante de Massachusetts se ofreció a hacerse cargo del proyecto y trabajó con la Asociación Nacional de Pasteleros para preparar los dulces y crear los pequeños paracaídas.

Al final del puente aéreo de Berlín en septiembre de 1.949, Halvorsen, junto con otros pilotos estadounidenses, habían dejado caer 250.000 paracaídas y 23 toneladas de dulces.


Pilotos de la Fuerza Aérea de los EE. UU. posando para una fotografía con motivo de un reparto durante la operación Little Vittles. Crédito de la foto: Fuerza Aérea de EE. UU.

Los «bombarderos de caramelos» estadounidenses se hicieron conocidos como los Rosinenbomber (Bombarderos de pasas, o bombarderos de dulces), mientras que el propio Halvorsen se hizo conocido por muchos apodos entre los niños de Berlín, incluidos «Tío Wiggly Wings», «El tío de chocolate», «The Gum Drop Kid» y «el piloto de chocolate«.


Gail Halvorsen leyendo cartas de niños agradecidos de Berlín Occidental a quienes dejó caer golosinas en pequeños paracaídas durante el puente aéreo de Berlín. Crédito de la foto: Fuerza Aérea de EE. UU.


Crédito de la foto: Fuerza Aérea de EE. UU.


Gail Halvorsen instruyendo a los miembros de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos para la operación Little Vittles. Crédito de la foto: Fuerza Aérea de EE. UU.


Gail Halvorsen saludando a los niños del aislado Berlín Occidental en algún momento durante 1.948-1.949 después de arrojar golosinas desde el aire en pequeños paracaídas. Crédito de la foto: Fuerza Aérea de EE. UU.


Gail Halvorsen, ya retirado, posando ante un «bombardero de caramelos» de la Fuerza Aérea de EE. UU. Crédito de la foto: Bennie J. Davis III.










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