La Cisterna Basílica de Estambul

Cuando Estambul aun era Constantinopla, durante el período del Imperio Romano, y más tarde durante el Imperio Bizantino, cientos de cisternas subterráneas fueron construidas por debajo de las calles y las casas para almacenar el agua. La más grande de todas aquellas cisternas fue la “Cisterna Basílica”, llamada así porque por debajo de ella se encontraba la basílica Stoa, una gran plaza pública bizantina.

Esta impresionante estructura, con más de trescientas columnas abovedadas rematadas con capiteles dóricos y corintios, muy similar a un palacio, se ganó el apodo de “Palacio Hundido”. A nivel local, se la conoce como Yerebatan Sarnıcı, que en turco significa “cisterna subterránea”.

La cisterna fue encargada por el emperador Justiniano I y construida en el año 532 para satisfacer las necesidades de agua del Gran Palacio y edificios adyacentes. Tiene 140 metros de largo y 70 metros de ancho, además de una capacidad de almacenamiento de 100.000 toneladas. El techo está soportado por un conjunto de 336 columnas de mármol, cada una con 9 metros de altura, y dispuestas en precisas filas.

Muchas de estas columnas fueron recuperadas de las ruinas de edificios más antiguos y, probablemente, traídas a Constantinopla desde diversas partes del imperio, junto con las que se utilizaron en la construcción de la basílica de Santa Sofía.

Quizás, la imagen más llamativa de la cisterna, son dos cabezas gigantes del monstruo femenido de la mitología griega “Medusa”. Estas dos cabezas de Medusa se utilizan como soportes bajo dos columnas en el extremo noroeste de la cisterna. Una de ellos se coloca boca abajo, y la otra está inclinada hacia un lado.


Cabeza de Medusa invertida.

Su extraño posicionamiento y el misterio de su origen atrae la mayor atención de los visitantes. Se dice que las cabezas fueron colocadas así para contrarrestar la mirada mortal de la propia Medusa. Sin embargo, la verdad podría ser un poco más práctica que la mítica, y es que esta orientación, simplemente, proporciona un apoyo adecuado a las columnas.


Cabeza de medusa de lado.

Después de que la ciudad cayera en la conquista otomana en 1.453, los otomanos establecieron sus propias instalaciones de agua en la ciudad, ya que prefirieron el agua corriendo antes que tenerla almacenada. La cisterna entonces quedó cerrada y olvidada.

Casi un siglo más tarde, cuando el erudito holandés Petrus Gyllius llegó a Constantinopla para investigar las antigüedades bizantinas, escuchó historias de cómo los residentes locales eran capaces de obtener agua mediante la reducción de cubos a través de agujeros en sus sótanos. A veces, incluso, pescaban por esos agujeros. Gyllius decidió investigar y, finalmente, logró acceder a la cisterna a través del sótano de una de las casas de la zona. Incluso después del descubrimiento, los otomanos no trataron la cisterna con respeto, y la convirtieron en un basural.

Hubo una época, en la que fue posible recorrer la cisterna subterránea en barca, al igual que hizo James Bond en 1.963 en la película “Desde Rusia con amor”.

james bond
Fotograma de la película “Desde Rusia con amor” en la Cisterna Basílica.

En 1.985, durante los trabajos de restauración, unas 50.000 toneladas de lodo se retiraron de la cisterna, quedando abierta al público en 1.987.








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