Coches abandonados en Hawái, ¿por qué lo hacen?

En Hawái, es más fácil tirar un coche viejo al costado de la carretera que desecharlo legalmente, una actitud que está causando grandes dolores de cabeza a las autoridades. Cada año, el estado gasta cientos de miles de dólares de los contribuyentes para remolcar vehículos abandonados y todavía hay una gran cantidad de ellos pudriéndose en los campos y entre los árboles.

Los desplazamientos hacia dentro y fuera de las islas de Hawái son constantes. Cuando las personas salen de Hawái hacia la parte continental, a menudo dejan sus automóviles abandonados ya que es más fácil y económico que el procedimiento adecuado, el cual sería vender el coche o desecharlo.

La venta de un automóvil requiere tres documentos, como lo son el registro, la inspección de seguridad y el título. La adquisición y el mantenimiento de estos documentos actualizados es difícil, costoso y lento, algo que, probablemente, debería no debería ser así. Cualquiera que desee vender legalmente su vehículo debe «naufragar» a través de innumerables obstáculos a través de un laberinto de leyes absurdas. Como se escucha en Hawái…

«No se puede renovar un registro sin una inspección de seguridad válida, y no se puede obtener una inspección de seguridad sin un registro actualizado».

Para empeorar las cosas, algunas islas se están quedando sin espacio para desechar los coches abandonados, lo que lleva a una proliferación de chatarra en la carretera que se ha convertido en una mancha para la belleza de la isla.

Desde otro punto de vista, el fotógrafo alemán Thomas Strogalski encontró la belleza en la basura. Mientras estaba en una misión en Maui, una isla de Hawái, Strogalski dedicó tiempo para fotografiar vehículos viejos, abandonados y consumidos por el follaje y las vides.

«Estoy fascinado por la idea de que al final la naturaleza se hará cargo del hombre», dijo Strogalski a Colossal. «Con paz, continuidad duradera y flexibilidad en armonía con la adaptación permanente, la naturaleza parece reclamar lo que uno quiere quitarle».

Todas las imágenes que ilustran este post fueron tomadas por Thomas Strogalski.










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