Cospaia, una república independiente por un error topográfico

Acariciando la Toscana, en el norte de Umbría, se encuentra un pequeño pueblo italiano llamado Cospaia. Durante casi cuatro siglos, este territorio de poco más de tres kilómetros cuadrados fue una república independiente, sin ningún gobierno, ni leyes, ni impuestos, ni nada que convirtiese su suelo en nación.

Esta peculiar situación política surgió durante el Renacimiento, lo que la hace aún más notable ya que en ese momento Italia era un total desajuste de los estados papales, propiedades familiares y reinos extranjeros, envuelto en pequeñas venganzas y disputas comerciales. Un territorio sin ley y sin gobernante era inaudito.

La historia comenzó en 1.431, cuando el Papa Eugenio IV, sin dinero en efectivo, tomó un préstamo de 25.000 florines de oro del duque de Florencia. Nueve años después, al no poder devolver la cantidad prestada, el Papa se comprometió a transferir la ciudad de Borgo del Santo Sepolcro (actual Sansepolcro) y su distrito en los estados papales del norte al Duque. Ambas partes acordaron que la nueva frontera seguiría el curso de un pequeño río llamado «Río» en la parte superior del Tíber. Sin embargo, «Río» era un nombre que dejaba muchas dudas para designar a un río concreto. En aquella época existían cientos de pequeños arroyos en toda Italia y, en este área en particular, hubo dos ríos que fluían a solo medio kilómetro de distancia.

Los topógrafos empleados por el Papa y el duque no estaban al tanto de aquello, probablemente porque no estaban familiarizados con la región. Así, ambas partes trazaron las fronteras hasta su «Río» más cercano sin darse cuenta de que no era el mismo río. Como resultado, un pequeño terreno intercalado entre los dos ríos quedó fuera de la jurisdicción de los Estados Papales y de la República de Florencia. En esa tierra se alzó el pueblo de Cospaia.

Los habitantes de Cospaia aprovecharon la oportunidad e inmediatamente declararon una república independiente. Esto, sin duda, avergonzó a los topógrafos, pero no al Papa ni al duque, quienes se mostraron reacios a volver a la mesa de negociaciones, por lo que decidieron dejar las cosas como estaban. En muchos relatos de la historia, sus autores suponen que ambos gobernantes estaban contentos de tener un estado de «amortiguación» entre sus fronteras y, por lo tanto, no presionaron para que Cospaia se incorporase a sus respectivos territorios.

Cospaia obtuvo su independencia en 1.440. Su gente no formó gobierno, no redactó leyes, no creó un ejército y no pagó impuestos a nadie. En cambio, dedicaron todo su tiempo y tierra a la agricultura, vendiendo el producto de sus tierras libres de impuestos a los estados vecinos. La República de Cospaia vio crecer su fortuna una vez que apareció el tabaco a mediados del siglo XVI, traído a Europa desde América. En aquellos primeros días, se creía que el tabaco poseía propiedades medicinales y se recomendaba su consumo como una cura para todo, desde artritis hasta dolores de cabeza y epilepsia. Los europeos no tardaron en descubrir también el lado recreativo del tabaco. En 1.563, el naturalista suizo Conrad von Gesner comentó que masticar o fumar una hoja de tabaco «tenía un poder maravilloso de producir una especie de borrachera pacífica».

La Iglesia Católica trató de frenar el consumo de tabaco, sin mucho éxito, porque lo percibieron como un pecado. A mediados de la década de 1.600, por ejemplo , el papa Urbano VIII amenazó con excomulgar a cualquiera que se encontrara fumando en la iglesia, y el papa Inocencio X se preocupó por el uso creciente del tabaco entre los sacerdotes.

El cultivo de tabaco se hizo difícil en Italia, pero en la República de Cospaia floreció, ya que el pequeño estado estaba fuera de la jurisdicción del Papa. Pronto Cospaia se convirtió en el centro para el cultivo de tabaco en la Toscana y el centro del comercio ilícito de tabaco en Italia. A medida que la noticia del estatuto único de Cospaia se extendió por todas partes, comenzó a atraer más que comerciantes de tabaco. De una pequeña aldea inofensiva, Cospaia se convirtió en una guarida para comerciantes ilegales que evitaban todo tipo de impuestos, desde textiles y comestibles hasta otros bienes. Fue la corrupción de la libertad y el abuso de la libertad económica lo que finalmente deshizo a la República.

En 1.826, después de 386 años de anarquía, el Papa y el Gran Duque de Toscana pusieron fin a la República de Cospaia y dividieron el territorio entre ellos. Los Estados Pontificios se quedaron con la mayor parte del territorio. Los habitantes de Cospaia perdieron su libertad… pero no todo fueron malas noticias. Cospaia recibió una licencia para continuar cultivando tabaco limitado a medio millón de plantas al año, más que suficiente para sostener la economía de los cientos de hogares a los que daba cabida.

Hoy en día, Cospaia es una colección «insignificante» de casas en un rincón olvidado de Umbría. La única pista de su interesante historia es un letrero amarillo al lado de un camino que proclama con orgullo «Ex-República de Cospaia«, y una inscripción en la puerta de la iglesia que dice Perpetua et Firma Libertas, que significa «Libertad fuerte y perpetua».










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