David Hume (filosofía)

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    Arístocles
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    Nos ocupamos ahora de un autor empirista, ilustrado, corrosivo y antimetafísico, preocupado por la filosofía y la literatura. Hume (1711-1776) se pasó la vida al servicio de nobles y embajadores; pasó el principio de la misma en Francia, siendo muy importante su conocimiento sobre los filósofos franceses del momento (Descartes, Malebranch) y de la corriente escepticista postrenacentista representada por Montaigne. De sus obras destacan “Tratado sobre la naturaleza humana”, obra que fracasa y que se simplifica en “Investigación sobre el conocimiento humano” (muy relacionada con la obra de Locke): esta última obra es la más importante de Hume en su vertiente empirista, a pesar de desarrollar otro tipo de obras de tipo moral (la finalidad última) y político (“Discursos políticos”). Desarrolla una importante y prolífica historia de Inglaterra, y una obra, “Historia natural de la religión”, continúa la consideración iniciada por Locke y tendrá un éxito enorme en todo el periodo: Analizar la religión bajo los contenidos de la razón. Hume desentraña además los principios motivacionales de los que deriva la razón, e inicia la postura agnóstico-atea de la filosofía.

    En cuanto a sus influencias, establecemos muchas corrientes de pensamiento: sus predecesores empiristas (Locke, Berckley); el racionalismo de Descartes y Malebranch, al que accede en su juventud al igual que el escepticismo de Montaigne (negación de la posibilidad de un conocimiento cierto).

    Precisamente, esta última influencia le lleva a ser un autor poco consecuente con su filosofía, de tal manera que acaba siendo un escéptico ante todo el conocimiento. Es también importante la influencia de la escuela contemporánea inglesa: la postura “sentimentalista” o “sensista” (siglos XVII-XVIII), en la que se trata de dar importancia a la vida afectiva en el comportamiento humano (esto pesará en Hume enormemente, derivando en diversas consideraciones a lo largo de su obra. También le influirá Isaac Newton en el método filosófico -> utilizando una metodología científica en sus obras.

    En lo que respecta a su transcendencia, existen dos líneas principales:
    -Kant: dirá que “Hume me ha despertado del sueño dogmático en el que estaba sumido”-> teoría del conocimiento.
    -Es el antecedente claro de las filosofías antimetafísicas de los siglos XIX-XX (tomismo lógico, positivismo lógico).


    Teoría del conocimiento:

    En su primera obra, Hume piensa que la ciencia se ha generado en relación con la naturaleza humana: quiere desarrollar una ciencia que hable del hombre en sentido totalizador -> experiencia y observación (como inicio):

    -Comenzar por investigar los procesos psicológicos (mecanismo del conocimiento), desentrañándolos, y hacer lo propio con los mecanismos de la acción. Por tanto, Hume utilizará siempre el método inductivo (parte de la observación), para establecer los elementos del conocimiento: las “percepciones” (conjunto de todos los elementos del conocimiento). Las percepciones pueden ser de dos tipos:

    Impresiones: datos inmediatos de la experiencia sensible. Son las percepciones que penetran con mayor fuerza -> sensaciones, pasiones, emociones.
    Ideas: imágenes o copias derivadas de las impresiones en el pensamiento. Son más débiles que las impresiones.

    Pero, atención, en estados especiales (sueño, locura) puede haber ideas que acerquen a las impresiones, aunque siempre la idea más intensa es más débil que la impresión más leve. Además, las impresiones se corresponden con las ideas -> “las ideas son reflejo de las impresiones: todos los contenidos mentales se dividen en simples y complejos”. Así, la idea simple se corresponde con la impresión simple, pero las ideas complejas pueden no corresponderse con las impresiones complejas. Efectivamente, puede existir el llamado “juego de las ideas complejas”, que es una combinación de todas las impresiones.

    De modo que existen ideas secundarias: “ideas de ideas”. De estas se deriva la llamada “idea vacía” = Dios (no se corresponde con ninguna impresión).

    Cuando la mente recibe impresiones, pueden reaparecer de dos maneras:
    1.- Muy fuertes: memoria (capacidad de reproducir impresiones con un mayor grado de viveza).
    2.- Imaginación: capacidad asociativa de las impresiones recibidas.

    En cuanto a las ideas complejas, Hume dice lo siguiente: “las ideas complejas pueden ser “sustancia” o “relaciones””.

    *sustancia: este concepto era el eje vertebrador de la teoría racionalista. Ahora, sin embargo, no hay impresión de lo que se puede derivar la idea de sustancia. La sustancia como idea es una colección de ideas simples: es un nombre por el que somos capaces de recordar la colección de ideas simples que se reúnen bajo él mismo.

    *relaciones: son una serie de cualidades por las que dos o más ideas se asocian a la imaginación de modo que una introduce a la otra. Dentro de este apartado se distinguen dos grupos:

    Relaciones naturales: semejanza (se dan por la naturaleza), contigüidad (en el espacio y en el tiempo) y relación causal (entre una cosa y lo que provoca esa cosa).
    Relaciones filosóficas: no son naturales, sino voluntarias. Se añaden la idea de identidad, contraste, número o proporción cuantitativa y distinción cualitativa.

    De todas las ideas complejas, debemos tratar aparte la relación causal (que desmonta la idea compleja de relación causa-efecto), porque no tengo impresión de esa relación.

    Dice Hume: “todos los objetos de la razón humana y su investigación tratados no como elementos sino como resultado de relación de los elementos son: relaciones entre ideas o cuestiones de hecho”. Para la enunciación, el autor toma la clasificación de proposiciones del discurso filosófico realizada por el racionalista Wilhelm Leibniz:

    Relaciones entre ideas (verdades de razón de Leibniz): son proposiciones analíticas -> en función del contenido del sujeto se deriva el predicado. Están basadas en la necesidad (negarlas supone caer en una contradicción) y son radicalmente formales -> no necesitan de la experiencia para contrastar su veracidad o falsedad. Las matemáticas, por ejemplo, se conforman así (se incluyen la relación de semejanza, contraste, grado cualitativo y cuantitativo), basadas en el álgebra y la aritmética.

    Cuestiones de hecho (verdades de hecho de Leibniz): nos familiarizamos con ellas gracias a la experiencia sensible. Son proposiciones sintéticas, y sobre todo extensivas: dan noticias nuevas del conocimiento -> relación de contigüidad en el espacio y en el tiempo. Debo recurrir a la experiencia para poder conocerlas, además, pueden negarse sin entrar en una contradicción. Por tanto, se constatan a través de la experiencia, pero, atención, no puedo traspasar la frontera de la experiencia al hablar de ellas.

    Entonces, ¿qué ocurre con la relación casual? -> la conexión de causa-efecto se infiere en determinadas relaciones cuando en ese nexo tengo impresión ni percepción de ninguna de ellas -> A veces, experimentando la conjunción de dos objetos, recordando su aparición en el tiempo y sin más requisitos llamamos causa a uno y efecto a otro, pero esta relación no deriva de un conocimiento -> “no es la razón, sino la costumbre lo que hace que la mente se incline a pasar de un objeto a otro que suele acompañarle”. Así, hasta podemos hacer predicciones futuras, que no se fundamentan más que en el hábito que nos inclina a pensar que en el futuro los sucesos ocurrirán como hasta ahora han ocurrido. Por tanto, desaparece el nexo necesario de causación -> Ejemplo: cada vez que sale el sol, yo espero que salga al día siguiente, pero es lo supongo porque siempre ha sido así, aunque yo no tengo impresión de que el sol sale.

    Planteamos la siguiente cuestión: ¿qué tipo de conocimiento tengo? Sabemos que los elementos del conocimiento se denominan “percepciones”, y esas percepciones se dividen en impresiones e ideas. Ambas pueden ser simples o complejas: las ideas simples se corresponden con las impresiones complejas. También conocemos que los objetos del conocimiento se dividen en relaciones entre ideas (semejanza, contraste, número calidad…) y cuestiones de hecho (presentes, pasados y futuros). Por tanto, la pregunta concreta es: ¿cómo se conocen los objetos del conocimiento?

    Las relaciones entre ideas (semejanza, contraste y nivel cualitativo) se conocen mediante la intuición -> ver claramente la relación de las ideas sin recurrir a otras ajenas. El número se conoce mediante el conocimiento demostrativo (la relación se establece mediante otras ideas ajenas).

    Las cuestiones de hecho se conocen de distinta forma en función de que sean presentes, pasadas o futuras. Así, para las pasadas -> el sujeto utilizará la memoria (capacidad de reproducir ideas), para las presentes tendrá un conocimiento directo sensible (impresiones), y para las futuras usará la suposición (un tipo de “no-conocimiento”) o creencia.
    En este último caso se explicita la crítica que Hume realiza a inferencia causal, ya que la relación causa-efecto se establece a través de la suposición o creencia, una “operación” mental que no es un verdadero conocimiento.
    Observemos también la influencia de Locke en este apartado: Hume toma tres tipos de conocimiento de Locke (intuitivo, demostrativo y sensible) y los aplica tanto a las relaciones entre ideas como a las cuestiones de hecho.


    Estructura de la realidad.

    En este nuevo apartado, Hume toma como modelo la teoría de su predecesor Locke y considera lo siguiente:

    *Los cuerpos -> el ser humano presenta una dificultad para concebir algo que sea ajeno a sus ideas e impresiones, porque ello conlleva dar un paso fuera de nosotros (de las impresiones e ideas), y al mismo tiempo éstas son exclusivas del sujeto perceptor (“subjetivas”). Así somos incapaces de probar la existencia de la realidad extramental: somos incapaces de probar la existencia de los cuerpos. Entonces, ¿por qué creemos en su existencia? Si los sentidos y la razón no demuestran su existencia al no existir el conocimiento de causa, entonces creemos en ellos gracias a la imaginación -> con ella constatamos la consistencia y la coherencia en los cambios de la realidad (puedo fingir que lo que me encuentro hoy es una continuación de lo de ayer y que se seguirá siendo así mañana). “Es la imaginación, por la consistencia y coherencia de mis impresiones, lo que me hace fingir o creer en la realidad”.

    *Dios: fijándonos en lo anterior, no podemos afirmar la existencia de Dios. Si recordamos, en el racionalismo la existencia de Dios se demostraba por la relación causal. Pero ahora, no tengo ninguna percepción de Dios (y además no existe la relación causal) y, por tanto, no puedo afirmar su existencia. Observemos ya la “perplejidad” de Hume: no puedo afirmar la existencia de nada.

    *Yo: en cuanto a la aproximación de la “res cogitans” cartesiana, Hume recuerda que “no podemos salir del mundo de nuestras percepciones”; consistimos en percepciones. Por tanto, no tengo percepción de alma (no recurro a ella). Entonces, ¿qué somos? ¿cuál es nuestra identidad? -> “Nuestro espíritu consiste en la continuidad (o sucesión continua) de nuestras percepciones”. Así, yo soy las sucesivas percepciones que tengo.
    Como la memoria hace que el sujeto tenga constancia de esa sucesión, es la memoria la fuente de la idea de identidad personal; básica para establecer algo que no es sustancial: yo. Como vemos, el escepticismo es una constante en toda la filosofía de Hume: “Imponer un nexo necesario causal es una incongruencia.


    La ética:

    La postura ética de Hume se conoce con el nombre de “emotivismo moral”, y tiene su origen en la influencia de la escuela “sensista” inglesa. Con ella, descubre la realidad de la afectividad para el estudio de la naturaleza humana. Además, lleva a cabo, de manera coherente, una análisis racional de la vertiente moral que no se puede dar -> la razón en la moral en un sinsentido: los valores morales no se derivan de la razón, porque no son ninguno de los elementos que componen el conocimiento. Entonces, ¿en qué deriva el juicio moral? En el sentimiento, no en la razón: la moral se siente. Juzgamos como bueno o malo aquello que en mí provoca un sentimiento fundamental de aprobación o negativo de aversión; estos dos sentimientos fundamentan el juicio moral. Por tanto, ¿qué es la virtud? La acción que provoca en el sujeto el sentimiento placentero de la aprobación (condición virtuosa si apruebo la acción).


    La religión:

    La consideración religiosa de Hume tiene una base “irracional”, ya que ésta no tiene su principio en la razón, sino que surge de los sentimientos (temor a la muerte, a lo desconocido, ignorancia…); tiene una base psicológica y enfermiza -> dice que las creencias y los principios religiosos “son sueños de hombres enfermos”. Es la primera vez en la historia que se explicita esto: la religión como un sentimiento patológico (en línea coherente con toda la filosofía de Hume): el “emotivismo moral” y el “irracionalismo religioso” son resultado de llevar hasta sus últimas consecuencias su teoría del conocimiento. Hume representa el polo opuesto al “intelectualismo ético”, iniciando un camino totalmente distinto a las teorías antropológicas anteriores.

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