Kattenstoet: El festival del gato y su lado oscuro

Durante los últimos sesenta años, la ciudad de Ypres en Bélgica ha celebrado un popular “Cat Parade” que atrae a visitantes de todo el país. Kattenstoet, o el “Festival de los Gatos”, se celebra una vez cada tres años y consiste principalmente en desfiles con gatos gigantes, bandas de música y personas a caballo. Es básicamente vestirse de gatos, brujas o ratones y marchar a través de la ciudad entre la alegría de grandes multitudes de personas que salen por las calles. Sin embargo, aunque a día de hoy el festival es todo alegría, los orígenes de Kattenstoet son mucho más oscuros.

En los tiempos medievales, la gente no era muy amable con los animales en general y menos con los gatos en particular. Muchas de las ciudades de Europa occidental en aquella época llevaban a cabo rituales de tortura de gatos en los que la gente reunía docenas de gatos en una jaula de mimbre y los arrojaba sobre una hoguera. Se pensaba que los gatos albergaban malos espíritus y al propio Diablo. Así, mientras los pobres animales maullaban de dolor, la multitud estallaba de júbilo. Después de que los animales fueran carbonizados, la multitud recogía las brasas y las cenizas del fuego y las llevaba a casa para, supuestamente, atraer buena suerte.

En la ciudad de Ypres los gatos también fueron utilizados como víctimas en numerosas fiestas folclóricas.

En aquellos días, Ypres, como muchos pueblos de la región de Flandes de Bélgica, era famoso por su industria de la tela. La lana era importada de Inglaterra y tejida en finas prendas por artesanos altamente calificados. Tanto la lana como el producto acabado fueron almacenados en el “Salón del Paño”, uno de los edificios comerciales más grandes de la época. Pero el tejido atraía a los ratones, que roían el paño y atraían enfermedades.

Para controlar la población de ratones, los comerciantes de tela de Ypres trajeron a su depredador natural, el gato. Pero los gatos procrearon demasiado y pronto hubo más felinos de los que la ciudad podía gestionar. Así comenzó una cruel matanza de gatos. En aquella época, los gatos eran vistos como precursores del mal y nada complacía a los ciudadanos más que tirar al animal del campanario de la iglesia local. Cuando el negocio iba mal, la gente se aseguraba que acabar con todos los gatos que merodeaban alrededor. Con el tiempo, los asesinatos de gatos se convirtieron en un ritual que tenía lugar en el “Miércoles de los Gatos”, en la segunda semana de Cuaresma.

La práctica bárbara continuó hasta 1.817, cuando ocurrió el último asesinato. Según algunos informes, el último gato sobrevivió a la caída y salió corriendo tan rápido como pudo antes de que pudiera ser capturado de nuevo. Desde entonces hasta la Primera Guerra Mundial, el “Miércoles de los Gatos” fue celebrado simplemente con el toque de las campanas de la iglesia.

En 1.938, un grupo de jóvenes monaguillos organizó una especie de desfile de gatos. Cada uno llevaba un gato de juguete. Cuando llegaron a la iglesia, primero tenían un banquete y luego uno de los muchachos subía por el campanario y arrojaba el gato de juguete.

El “Festival de los Gatos” se mantuvo principalmente como un festival local hasta la década de 1.950, cuando los desfiles folclóricos se convirtieron en algo habitual en toda Flandes Occidental. En el segundo domingo de Cuaresma de 1.955, se organizó el primer gran desfile con 1.500 personas, todas vestidas con magníficos trajes. Desde entonces, cada tres años la ciudad ha estado celebrando el Festival del Gato.













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