Las humeantes colinas de Canadá

En 1.850, el capitán británico Robert McClure fue enviado en una expedición a bordo del “Investigator to the Arctic” para tratar de encontrar a la expedición perdida de Sir John Franklin, que había partido de Inglaterra cinco años antes. Fue el segundo grupo de búsqueda que se fue en busca de la expedición y una de las muchas docenas que les iban a seguir para las próximas cuatro décadas.

El “Investigator to the Arctic” navegó hacia el norte a través del Pacífico y entró en el Océano Ártico a través del estrecho de Bering, fluyendo hacia el este, más allá de Point Barrow, Alaska, para encontrarse finalmente con otra expedición británica desde el noroeste.

Cuando el grupo de búsqueda de McClure se acercó a la desembocadura del río Horton en Mar de Beaufort, cerca de Cabo Bathurst, en los Territorios del Noroeste de Canadá, vieron humo en la distancia. Sospechando que los humos podrían ser de fogatas, tal vez de la expedición perdida de Franklin, McClure envió un grupo de búsqueda a la zona para investigar.

A la llegada del grupo de búsqueda, no se encontraron las llamas de las supuestas hogueras de Franklin, pero gruesas columnas de humo seguían saliendo de rejillas en el suelo. Los marineros regresaron con una muestra de roca ardiente, y cuando la dejaron sobre el escritorio de McClure, se hizo un agujero en la madera debido a la alta temperatura del pedrusco.

McClure afirmó que las rocas eran volcánicas, pero la verdad era bien distinta. Las montañas contenían grandes depósitos de lignito rico en azufre, que se inflamaban espontáneamente cuando las colinas erosionaban y se exponían al aire. Los humos que desprenden contienen dióxido de azufre, ácido sulfúrico y vapor de agua.

Se cree que las colinas humeantes de Canadá han estado ardiendo desde hace siglos y lo harán para muchos más.








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