Nagoro, un pueblo japonés de muñecas

El pueblo de Nagoro, en la isla de Shikoku, al sur-oeste de Japón, una vez fue el hogar de cientos de residentes. Con los años, la población de Nagoro ha ido cayendo dramáticamente a medida que los jóvenes habitantes del pueblo salieron en busca de trabajo y mejores condiciones de vida hacia las grandes ciudades, dejando a Nagoro a lo que es hoy en día.

En el año 2.000, cuando Ayano Tsukimi regresó a su casa en Nagoro, después de varias décadas viviendo en las metrópolis de Osaka, se entristeció al encontrar un pueblo que se asemejaba a una ciudad fantasma. Así que la esta mujer empezó a hacer muñecas y repartirlas por todo Nagoro. Hoy en día, algunas figuras con brillantes vestidos se congregan fuera de una tienda; otro grupo con ropa de invierno espera en la parada de autobús; ancianas se sientan junto a la carretera hablando entre ellas… Las muñecas están por todas partes y superan en número a los residentes reales de Nagoro.

Tsukimi descubrió su oficio por accidente, cuando estaba haciendo espantapájaros para un campo de verduras en el que había comenzado a trabajar cuando regresó a Nagoro. Uno de los espantapájaros, pensó, se parecía a su padre, y entonces la surgió la idea. En los últimos doce años más o menos, Tsukimi ha elaborado más de 350 figuras construidas sobre una base de madera y envueltas con periódicos, paja y tela para darlas volumen. A continuación, las viste con ropa vieja.

Tsukimi necesita estar pendiente de cada figura ya que con frecuencia se desgastan por el sol y la lluvia. Y ahora que las muñecas han comenzado a atraer a los turistas a Nagoro, Tsukimi se encarga de mantener sus creaciones inmaculadamente vestidas.

La despoblación de Nagoro es una condición que ha estado afectando a decenas de miles de pueblos en todo Japón. Para agravar el problema, hay una baja tasa de natalidad en el país, lo que significa que hay menos gente joven para poblar los pueblos abandonados. Además, el número de población de edad avanzada en Japón está aumentando con nada menos que el 20% de los 127 millones de habitantes del país mayores de 65. Cuarenta mil japoneses están por encima de los cien años. Junto con la disminución de la tasa de natalidad, se espera que el 40% de los japoneses estarán por encima de la edad de jubilación a mediados de siglo.

A los 65 años, Ayano Tsukimi es la residente más joven de Nagoro. La escuela del pueblo se cerró en el año 2.012 después de que sus dos alumnos restantes se graduasen. Hoy en día, el edificio está ocupado por las muñecas, representando estudiantes de Ayano en sus escritorios, con libros abiertos, mientras que un profesor enseña en la pizarra y un director de escuela con traje observa.








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