La Ruta del Cómic de Bruselas

La Ruta del Cómic es un camino que lleva a lo largo de varias paredes y edificios de la ciudad de Bruselas, así como de los barrios de Laeken y Auderghem, donde se exhiben murales de gran tamaño de algunos de los personajes más populares del cómic franco-belga, como pueden ser Tintín, los Pitufos, Asterix, Lucky Luke, Gaston, Gil Jourdan y muchos más. El proyecto, que comenzó en 1.991, fue iniciado por las autoridades locales en colaboración con el Centro Belga del Cómic para celebrar la larga historia de Bélgica con los cómics.

Los cómics son uno de los orgullos de Bélgica. Es el único país en el que los cómics han pasado de ser un medio popular a un arte por derecho propio. De hecho, con más de 700 autores, Bélgica cuenta con más artistas de cómic por kilómetro cuadrado que cualquier otro país del mundo. En la capital belga, se pueden encontrar decenas de tiendas especializadas, figuras, pinturas, murales, bares y museos dedicados a este arte. En ningún otro lugar del mundo, los cómics están tan fuertemente arraigados en el día a día como en esta ciudad.

En las primeras décadas del siglo XX, los cómics no eran publicaciones autónomas. Se publicaban en periódicos y revistas semanales o mensuales como episodios. A principios de 1.900, los primeros cómics populares franceses aparecieron, incluyendo “Bécassine” y “Les Pieds Nickelés”. La primera producción a gran escala de los cómics en Bélgica se inició en la segunda mitad de la década de 1.920. Durante este período, Bélgica vio la creación de muchas revistas juveniles como Zonneland y Petits Belges.

Uno de los primeros cómics belgas de gran éxito fue Las aventuras de Tintín, por Georges Prosper Remi, más conocido como Hergé, que fue publicado en 1.929. En 1.934, el húngaro Paul Winckler hizo un trato con King Features Syndicate y comenzó a publicar las aventuras de Mickey Mouse y otros personajes de Disney en su revista juvenil Le Journal de Mickey. El éxito de esta iniciativa inspiró a otros editores a publicar revistas con series americanas. Esto continuó durante el resto de la década, con cientos de revistas sobre todo el material importado.

Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, se hizo imposible importar cómics americanos. Esto dio la oportunidad a muchos artistias jóvenes para empezar a trabajar en el cómic. En un primer momento, continuaron las historias americanas con Superman y Flash Gordon, pero más tarde comenzaron a crear sus propios héroes e historias. Durante los siguientes 50 años, con el apoyo de decenas de editores, el mercado de los cómics nacionales comenzó a madurar.

Hoy en día, los cómics franco-belgas se han traducido a la mayoría de los idiomas europeos, mientras que algunas series como Lucky Luke, Los Pitufos, Tintín y Asterix, disfrutan del éxito en todo el mundo.

La Ruta del Cómic de Bruselas conmemora a todos estos personajes a través de más de 50 pinturas murales, algo que merece la pena ver, incluso si no se es un fan de los cómics, ya que también es una buena manera de descubrir la capital belga.








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