Antiguo sanatorio de Cunningham, en Cleveland


En las orillas del lago Erie, en Cleveland, Estados Unidos, una vez hubo una gigantesca esfera de acero de casi 20 metros de altura. Dentro de la esfera se encontraban 38 habitaciones en las que los pacientes del Dr. Cunningham pasaban hasta dos semanas respirando aire al doble de la presión atmosférica. Cunningham creía que la presión del aire más alta introducía oxígeno en abundancia en el sistema corporal y ayudaba en la terapia de varias enfermedades. Esto se conoce como terapia de oxígeno hiperbárico.

La terapia hiperbárica fue documentada por primera vez en 1.664 por el médico inglés Nathaniel Henshaw, quien escribió sobre los beneficios del aire fresco y su valor médico en el tratado Aero-Chalinos. Henshaw supuestamente construyó la primera cámara hiperbárica dos años antes. Sin embargo, Cunningham fue el verdadero pionero de esta terapia.

El Dr. Cunningham había observado en su calidad de anestesiólogo en la Universidad de Kansas que muchos pacientes que padecían enfermedades pulmonares parecían mejorar cuando cambiaban de altura y se mudaban de Denver a Kansas City. Llegó a la conclusión de que la mejora se debía al aumento de oxígeno a una menor altitud.

Durante la epidemia de gripe de 1.918, Cunningham construyó la primera cámara hiperbárica: un largo tanque cilíndrico que tenía camas a sus lados para los pacientes. Lo hizo en Kansas City y comenzó a tratar a pacientes que padecían enfermedades respiratorias. Dos éxitos iniciales con dos pacientes con neumonía gravemente enfermos aumentaron la confianza del Dr. Cunningham, por lo que comenzó a recomendar la terapia de oxígeno para casi todas las dolencias: diabetes, anemia, neumonía, hipertensión, sífilis, cáncer… El tratamiento poco ortodoxo se basó en la falsa premisa de que estas enfermedades son causadas por bacterias anaeróbicas, bacterias que prosperan en un ambiente deficiente de oxígeno, como el interior de sus entrañas. Por lo tanto, al aumentar el oxígeno, las bacterias no crecerían y poco a poco morirán.

Uno de los pacientes de Cunningham que se benefició del tratamiento fue el millonario Henry Timken. Algunos dicen que fue el amigo de Timken quien se sometió al tratamiento. En cualquier caso, Timken tenía suficiente confianza en los métodos de Cunningham como para prometer 1,5 millones de dólares, una suma importante en ese momento, para la construcción de un hospital y una gran cámara hiperbárica en forma de esfera de acero en la orilla del lago Erie en Cleveland, Ohio. El sitio fue elegido por su tranquilidad y belleza del entorno.

Aunque la esfera de acero parecía un gasómetro industrial, los interiores eran tan lujosos como un hotel con cinco estrellas, con cuidadas habitaciones, áreas recreativas y baños. En el corazón de la instalación había una poderosa máquina de aire acondicionado que constaba de tres compresores, dos calderas de calefacción, un compresor de amoníaco de 27 toneladas que funcionaba como deshumidificador y varios filtros de aire que permitían un control preciso no solo de la presión, sino también de la temperatura y humedad. Todo el sistema estaba regulado y controlado por termostatos que ajustaban automáticamente las propiedades del aire dentro de la estructura.

La instalación abrió sus puertas en 1.928. El mismo año, la Asociación Médica Americana (AMA) publicó un mordaz artículo que cuestionaba si los tratamientos de Cunningham parecían «enfocados más a los beneficios personales que a la medicina científica».

Cinco años después de la apertura del hospital, el estado financiero deprimido del país obligó a Cunningham a vender su hospital a James Rand, Jr., hijo de uno de los cofundadores de Remington Rand y protegido de Cunningham, en 1.934. Rand cambió el nombre de las instalaciones a «Instituto de Ohio de la terapia de oxígeno», pero no logró atraer pacientes, lo que obligó a James Rand a vender nuevamente el edificio en 1.936. Los nuevos propietarios abandonaron la terapia de oxígeno y convirtieron la estructura en un hospital general. Este hospital también se cerró rápidamente debido a problemas financieros. El sitio no se utilizó hasta que fue comprado por la Diócesis Católica Romana de Cleveland. En 1.942 el edificio del hospital fue demolido y la bola de acero fue desmantelada y desechada para materiales de guerra.

El Dr. Cunningham murió en 1.937. En sus métodos no se encontraron evidencia de curar ninguna de las enfermedades que prometía. Sin embargo, algunos de sus enfoques se validaron años más tarde y se encontraron aplicaciones en casos especiales, como en el tratamiento de la enfermedad por descompresión.










Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *