Artemisa, el templo que ardió por fama criminal

En la noche del 21 de julio del año 356 antes de Cristo, dos eventos importantes tuvieron lugar en la Cuenca del Mediterráneo. Uno creó historia. El otro la destruyó.

Esa noche, en la ciudad de Pela, la capital del antiguo reino griego de Macedonia, la esposa del rey Filipo II dio a luz a un niño. Aquel niño, años más tarde, crearía uno de los imperios más grandes del mundo antiguo reescribiendo la historia de gran parte de Europa, Asia y el noreste de África. Fue Alejandro Magno.

El otro evento fue más prosaico: un incendiario prendió fuego a un templo. Ese templo, sin embargo, no era un templo común. Fue uno de los templos más grandes en la faz de la tierra, considerado por los viajeros y eruditos durante los últimos dos mil años como una de las siete maravillas del mundo antiguo.


Recreación del Templo de Artemisa durante su auge.

Este templo, el Templo de Artemisa, estaba ubicado cerca de la antigua ciudad de Éfeso, en las proximidades de la ahora moderna ciudad de Selçuk, en Turquía. Dedicado a la diosa Artemisa, el templo fue supuestamente el primer templo griego construido en mármol. La colosal estructura tenía más de 100 metros de largo y la mitad de ancho. Sus columnas periféricas contaban con una altura de 12 metros y se disponían en filas dobles formando un amplio pasaje ceremonial alrededor de la cella, la cual albergaba la imagen de culto de la diosa. Estas columnas fueron talladas con elaborados relieves.

La noche anteriormente mencionada, mientras el reino de Macedonia se regocijaba por el nacimiento de su nuevo príncipe y futuro rey, a 500 kilómetros de distancia a través del mar Egeo un humilde pastor llamado Eróstrato se dispuso a dejar su huella en la historia. Entró en el Templo de Artemisa y le prendió fuego. El interior de madera del templo, en particular sus vigas de madera, la estatua de Artemisa y el mobiliario, se prendieron rápidamente en llamas, y a la mañana siguiente todo lo que quedaba en pie eran 36 columnas de mármol ennegrecidas y una ruina ardiente.


Modelo del Templo de Artemisa en el Parque Miniatürk de Estambul, en Turquía.

Eróstrato fue rápidamente arrestado y, cuando fue torturado para que hablase, este demente individuo confesó que quemó el templo en un intento de inmortalizar su nombre en la historia. Las autoridades de Éfeso no solo ejecutaron a Eróstrato, sino que prohibieron que cualquiera mencionara su nombre, condenándolo así a la oscuridad eterna, todo lo contrario de lo que Eróstrato deseaba.

Muchos historiadores, como Cicerón y Plutarco, continuaron honrando el decreto, suprimiendo la mención del nombre del incendiario, pero algunos de los primeros escritores ya se habían saltado la orden. Una vulneración notable fue realizada por Teopompo (380 a.C. – 323 a.C.), quien mencionó a Eróstrato en su biografía del rey Filipo II, Filípicas. El primer trabajo existente que mencionó a Eróstrato fue «Geografía de Estrabón», por el geógrafo e historiador griego Estrabón (64 a.C. – 24 d.C.).

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Ruinas del templo de Artemisa hoy en día.

El historiador romano del siglo primero, Valerio Máximo, menciona a Eróstrato nuevamente por su nombre. En su ensayo cita el caso Eróstrato como un ejemplo de la búsqueda de la fama negativa a través de un acto criminal

Aquí está el apetito por la gloria que implica sacrilegio. Se descubrió que un hombre planeaba la quema del templo de Diana de Éfeso para que, a través de la destrucción de este edificio tan hermoso, su nombre se difundiera por todo el mundo. Esta locura la desveló cuando le torturaron.

Máximo también dijo que…

Los efesios habían abolido sabiamente la memoria del villano por decreto, pero el genio elocuente de Teopompo lo incluyó en su historia.

De hecho, el nombre de Eróstrato continúa apareciendo en los libros de historia a lo largo de los siglos. El autor inglés del siglo XVII, Thomas Browne, escribió que el incendiario incluso había sobrevivido a los nombres de quienes intentaron desterrarlo a la oscuridad.

Después del acto sacrílego de Eróstrato, los ciudadanos construyeron un templo aún más magnífico en lugar del destruido. A los efesios les llevó algo de tiempo recaudar fondos. En un momento dado, el mismo Alejandro Magno ofreció pagar por la reconstrucción del templo a condición de que se le atribuyera el trabajo en la inscripción. Pero los efesios lo rechazaron con mucho tacto diciendo que…

No era conveniente que un dios proporcionara templos en honor de los dioses.

El nuevo templo tambien fue gigante: 137 metros de largo, 69 metros de ancho y 18 metros de altura, con más de 127 columnas. Este templo se mantuvo durante 600 años antes de que fuera destruido por los godos, una tribu germánica oriental, en el siglo III. Las piedras del templo destruido se quitaron y se usaron en la construcción de otros edificios. Algunas de las columnas de la basílica de Santa Sofía y varias estatuas y otros elementos decorativos de toda Constantinopla, originalmente pertenecían al templo de Artemisa.










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