Unalaska, el hábitat de las águilas americanas

El águila calva, o águila americana, puede ser el ave nacional de América, pero para la pequeña ciudad de Unalaska, en Alaska, este majestuoso pájaro es poco más que una plaga.

Se esconden sobre los postes de los teléfonos y sobre las farolas esperando a que sus víctimas potenciales se despisten y así poder robarles las bolsas de la compra. Pero sobre todo, estos animales esperan a que los barcos de pesca regresen con la captura del día.

Localizado lejos en las Islas Aleutianas, este pueblo de pescadores de 4.700 habitantes procesa más peces que cualquier otro puerto en el país. Y, hay que decir, que el pescado es el alimento básico del águila calva. Así, durante la temporada de pesca, cientos de águilas acuden a hurgar y anidar en la zona, creando una molestia considerable para la población local. Las águilas protegen su nido ferozmente y cualquier persona que aparezca remotamente como una amenaza es atacada sin piedad.


Cartel advirtiendo del peligro de águilas.

El teniente Andrés Ayures, un guardacostas estadounidense, fue atacado en su tercer día de convivencia en Unalaska, siendo perseguido por un águila calva a lo largo de la ladera de una montaña. El pájaro se abalanzó sobre él varias veces, le arrancó la capucha del abrigo y le obligó a tirarse al suelo. Incluso el animal se llevó el robó el teléfono móvil que se le cayó a Ayures del bolsillo.

Alrededor de una docena de personas son enviadas al hospital cada año en Unalaska por heridas de águilas.

Por otro lado, esta plaga también hace que Unalaska sea un excelente lugar para mirar y fotografiar de cerca el símbolo nacional del país. Los lugareños llaman a estos animales “palomas Dutch Harbor”, ya que se encuentran principalmente alrededor del puerto. También se pasean por el vertedero de la ciudad, donde se reúnen para alimentarse de forma oportunista.

Cuando no se dispone de pescado fresco, estas aves comen cualquier cosa con carne, ya sean gaviotas, patos, ardillas, ratones, cuervos y restos humanos. De hecho, es algo triste pensar que el orgulloso símbolo de la nación se reduce a carroñeros.













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