San Pedro y Miquelón, la última colonia francesa en América del Norte


A unos 25 kilómetros de la costa de Canadá, en el Atlántico Norte, se encuentra un pequeño territorio francés. Se trata de una cadena de islas pertenecientes al archipiélago de San Pedro y Miquelón, que, a pesar de estar situado a unos 4.000 kilómetro de distancia de Francia, todavía está bajo control francés. Estas islas representan el último punto de apoyo de la Francia colonial en el Atlántico.

Las islas de San Pedro y Miquelón fueron pisadas por primera vez por los europeos en el año 1.520 y se convirtieron en una colonia francesa en 1.536. Para los próximos siglos, las islas fueron cambiando de manos, alternativamente, entre británicos y franceses, ya que luchaban por quién debería gobernar en diversos territorios extranjeros. Eventualmente, Francia renunció a todas sus colonias de América del Norte… a todas menos a una: las islas de San Pedro y Miquelón, que todavía están en sus manos.


Islas de San Pedro (derecha) y Miquelón (parte superior izquierda). La isla en la parte inferior izquierda es Langlade.

El archipiélago está compuesto por ocho islas y cubre una superficie de 242 kilómetros cuadrados. De estas islas, solo dos, San Pedro y Miquelón, están habitadas. El resto son islas rocosas, con costas escarpadas. El 90% de la población de las islas, unos 6.000 habitantes, viven en San Pedro, que es pequeña, pero que cuenta con un buen puerto y aeropuerto.

Tradicionalmente, los habitantes de San Pedro y Miquelón ganaban su sustento mediante la captura de peces y mediante el servicio que prestaban a las flotas pesqueras que operaban frente a la costa de Terranova. Sin embargo, a principios de 1.920, la prohibición de la venta y consumo de alcohol en los Estados Unidos marcó el comienzo de una nueva oportunidad económica.


Cajas de champán siendo descargas en los muelles de San Pedro.

San Pedro y Miquelón, siendo una colonia francesa, se convirtió en un centro de negocios para el contrabando de licor en América del Norte. Esta nueva industria llegó a ser tan lucrativa que los isleños llegaron a abandonar la pesca. Las fábricas de pescado cerraron y se convirtieron en instalaciones de almacenamiento de alcohol, mientras que los nuevos depósitos de hormigón se diseminaron a lo largo de la línea de costa. El éxito fue tal, que los almacenes fueron insuficientes y las empresas de bebidas alcohólicas llegaron a alquilar sótanos a propietarios particulares para almacenar sus productos. Durante su apogeo, se dice que hasta Al Capone pasó unos días en la isla.


Descarga de bebidas alcohólicas en San Pedro.

Durante casi 13 años, esta pequeña y remota isla experimentó una prosperidad económica sin precedentes suministrando alcohol a sus “secos” vecinos. Pero cuando la prohibición terminó en 1.933, la próspera economía se derrumbó.

Desde entonces, los isleños regresaron a la pesca, una forma de vida que continúa hasta nuestros días.










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