¿Cómo se castigaba a las mujeres que hablaban mucho en el siglo XVI?

Con un bozal. Sí, como el de un perro.

Conocida como la «máscara (o brida) del regaño» (Scold Bridle), estos dispositivos de tortura y humillación pública se usaron principalmente en Inglaterra y Escocia durante los siglos XVI y XVII.

«Scold» es una palabra arcaica que calificaba, generalmente, a las mujeres que regañaban o refunfuñaban constantemente. En aquella época, esta palabra se utilizaba para designar a una mujer que «perturbaba la paz de sus vecinos con chismes o comportamientos rebeldes», según la Biblioteca Británica. Las mujeres que se enfrentaban a sus vecinos, desafiaban a sus esposos o discutían con los sacerdotes se convertían en una fuente de grave preocupación entre los hombres.

No se sabe qué mente retorcida se topó con la idea de ponerle un bozal a su mujer, pero lo hizo.

La «máscara del regaño» consistía principalmente en un bozal de hierro que rodeaba la cabeza. Cuando se usaba el dispositivo, era imposible para la persona comer o hablar. Algunas máscaras incluso tenían puntas que se proyectaban dentro de la boca cuando el dispositivo estaba cerrado con candado, evitando que la persona torturada y humillada hiciera cualquier movimiento de la mandíbula, ya que al hacerlo causaría una grave perforación en la boca y la lengua. Fue un método propio de bárbaros.


Esta máscara utilizada siglos atrás en Alemania contaba con una campana en la parte superior para llamar aún más la atención, lo que aumentaba el grado de humillación.

La infame máscara se utilizó por primera vez en Escocia como castigo para las brujas a finales del siglo XVI. Más tarde en Inglaterra, comenzaron a usarlas en mujeres problemáticas y transgresoras. Muchas comunidades tenían su propio castigo establecido para las esposas «molestas» y, en menor medida, para los maridos cornudos.


Ilustración que representa a mujer humillada públicamente por las calles de la ciudad siendo llevada por un oficial, en 1.655.

Quedarse totalmente quieta no solo era físicamente incómodo, también era humillante. En Escocia, la mujer a la que se le ponía la máscara tenía que desfilar por las calles del pueblo, en ocasiones siendo guiada por su propio marido. Estos actos estaban destinados, según se dice, a recordar a las personas cómo comportarse y las consecuencias de cualquier acción precipitada o calumnia.


Grabado de una mujer con una «máscara del regaño» en Nueva Inglaterra, Estados Unidos.

Las máscaras de tortura estuvieron «de moda» durante más de un siglo. En algunas partes de Europa, como en Alemania, se utilizaron hasta principios de 1.800 principalmente como castigo en los centros de trabajo.










Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *