El Gran Globo de Wyld

El famoso cartógrafo y ex miembro del Parlamento británico, James Wyld, tenía un plan brillante para promover su negocio de creación de mapas.

Su oportunidad de crecimiento la vio en la “Gran Exposición”, programada para el año 1.851 en Hyde Park, Londres. Aquella exposición sería visitada por destacados industriales, científicos y artistas de todo el mundo, así como por miembros de la familia real. Wyld pensó que si podía crear un gran modelo del planeta Tierra con una descripción precisa de su geografía, podría aumentar sus posibilidades de nuevos negocios y aumentar sus ventas.


Sección del Gran Globo de James Wyld, que se situó en Leicester Square, en Londres, desde 1.851 hasta 1.862.

Wyld acudió al comité organizador de la Gran Exposición con una idea, pero se decepcionó al saber que el pabellón que se estaba erigiendo, el Palacio de Cristal, era demasiado pequeño para albergar su globo de 18 metros de altura. Además, a los organizadores no les gustaba que Wyld tratara de usar la Exposición como un medio para promover su negocio y su propuesta fue rechazada. Impávido, Wyld comenzó a buscar una ubicación alternativa y encontró Leicester Square, un lugar adecuado para su proyecto. Después de una serie bastante complicada de negociaciones con los propietarios de los jardines, Wyld consiguió permiso para instalar su globo y mantenerlo allí durante 10 años.

La construcción del globo comenzó tan pronto como se firmó el acuerdo. Bajo la supervisión de Edward Welch, el arquitecto del proyecto, unos 300 constructores se apresuraron para completar el globo.

“Wyld’s Great Globe” (El Gran Globo de Wyld) no era un globo normal. Era hueco, con la geografía de la tierra representada en la superficie interior más que en el exterior. Una serie de plataformas conectadas por escaleras en el interior permitieron a los visitantes maravillarse con cada centímetro cuadrado del gigantesco mapa en relieve de montañas y ríos, construido a escala, pero verticalmente exagerado para hacer los accidentes geográficos perceptibles. Las tierras fértiles se tiñeron de verde y los desiertos de color amarillo arenoso. Los volcanes se mostraron en erupción, usando lana de algodón teñida para simular lava y humo, mientras que las montañas nevadas se rociaban con cristales blancos que brillaban en todo momento.

El mapa fue tan preciso como cualquier mapa de mediados del siglo XIX, excepto por el hecho de que la Antártida estaba ausente. El gran continente del sur era, en gran parte, desconocido en ese momento, y aunque se reportaron avistamientos de una gran superficie de hielo y tierra durante los últimos treinta años, Wyld desestimó aquellas versiones.

El globo tuvo un gran éxito de inmediato, demostrando ser tan popular como la propia Gran Exposición. Muchos visitantes que asistieron a la Gran Exposición también fueron a ver el Gran Globo de Wyld. Después de que terminase la exposición, el número de visitantes del globo cayó abruptamente, pero en 1.853 todavía atraía a 1,2 millones de visitantes al año. A mediados de la década de 1.850, sin embargo, el edificio comenzó a decaer y Wyld se vio obligado a utilizar el lugar para una variedad de espectáculos distintos para atraer a los visitantes.

El acuerdo de Wyld para el uso de la tierra expiró en 1.862, después de lo cual se retiró el globo, el cual fue dividió y vendido para su eliminación.

Hay que decir que el Gran Globo de Wyld no fue el primer proyecto de este tipo. En 1.664 se construyó un pequeño globo hueco para Federico III, duque de Holstein-Gottorp, y otro similar se levantó en París en la década de 1.820. Eso sí, el globo de Wyld fue más grande, robusto y detallado que sus “competidores”.

Mapparium
Mapparium en Boston, Estados Unidos.

No fue hasta 1.935 cuando se recreó algo parecido al globo de Wyld. En 1930, la “Christian Science Publishing Society” construyó un globo terráqueo de 9 metros de altura llamado Mapparium en Boston, Estados Unidos. El mapa del mundo se proyectó en el interior y, al igual que el de Wyld, se ve desde dentro, desde un puente que permite observar cada detalle.













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