Los huesos del cementerio de Colón, en la Habana

Hace unos días, echábamos un vistazo al cementerio de Colón en La Habana, Cuba, el cual es bien conocido por sus numerosos monumentos y mausoleos elaboradamente esculpidos, pero que también es notorio por la sobrepoblación.

Desde su apertura en 1.876, más de un millón de personas han sido enterradas aquí, y al ser un cementerio activo, los cuerpos llegan todos los días. Para hacer espacio a las tumbas de los últimos fallecidos, las tumbas viejas son excavadas cada tres años y los restos se almacenan en urnas dentro de las instalaciones del cementerio. Pero a finales del siglo XIX y comienzos del XX, los huesos fueron descartados de forma totalmente irrespetuosa al aire libre.


Soldados estadounidenses posan sobre casi doscientos mil esqueletos en el Cementerio Colón, La Habana, Cuba. Circa 1899.

En el pasado, mucho antes de que se fundara el cementerio de Colón, La Habana no tenía un cementerio formal. Los muertos fueron enterrados en las criptas de las catacumbas de las iglesias locales. En 1.806, el primer cementerio de La Habana, Espada, se abrió en respuesta a la creciente población y la consiguiente escasez de tierras de la iglesia que podrían ser utilizadas para el entierro.

A lo largo de la primera mitad de la década de 1.800, las epidemias de cólera estallaron en todo el mundo, desde Asia a Europa, Gran Bretaña y las Américas, así como al este de China y Japón, causando millones de muertes. Los cementerios de todo el mundo estaban inundados de cadáveres y el cementerio Espada también comenzó a sentir la presión. Cuando los brotes de cólera se intensificaron en 1.868, los habitantes de La Habana se dieron cuenta de que necesitarían un cementerio más grande. Menos de una década después, se abrió el cementerio de Colón (Necrópolis de Cristóbal Colón) y se cerró el cementerio Espada.


Doscientos mil esqueletos fueron expuestos al aire libre en el cementerio de Colón, en La Habana, Cuba. 1.899.

Pero el alivio de la congestión que trajo el nuevo cementerio fue efímero. Las fechas en algunas de las postales que estamos viendo muestran que el cementerio ya era famoso en la década de 1.890, menos de veinte años después de su fundación.

Según algunas fuentes, el precio de una tumba en el cementerio era de 10 dólares (8,5€ aproximadamente) por cinco años. Si después de ese período la familia del fallecido no podía pagar la renta durante los siguientes cinco años, los huesos eran desenterrados y arrojados a una pila de huesos en una esquina del cementerio. Así, una gran pila de huesos creció hasta convertirse en una atracción turística mórbida entre los soldados estadounidenses estacionados allí durante la Guerra Hispanoamericana de 1.898.

Los soldados enviaban postales por correo a sus parejas en Estados Unidos, mostrándose de pie sobre la pila de huesos y sosteniendo el cráneo de alguna persona pobre, así como huesos de otras partes del cuerpo. Algunos soldados también sacaron huesos del cementerio y desfilaron con ellos por las calles, hasta que el comandante militar estadounidense, el general Brook, puso fin y ordenó que se cubriera la pila.

La pila de huesos ha sido eliminada, pero si alguna vez se visita el cementerio de Colón, se puede ir por la parte de atrás, donde todavía se ven pequeñas pilas de huesos en contenedores esperando a ser guardados en pequeñas cajas ordenadas.


Cajas en las que se almacenan los huesos.

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En esta foto se puede ver cómo se amontonan las lápidas de los fallecidos cuyos familiares no pagaron la renta del cementerio.













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