“Mujeres canarias” de la Primera Guerra Mundial

El papel que las mujeres jugaron en las dos guerras mundiales es bien conocido y apreciado.

A medida que los hombres partieron para luchar en la guerra, las mujeres ocuparon puestos que anteriormente fueron atendidos por hombres, principalmente en las fábricas. Las mujeres trabajaron en cadenas de montajes, condujeron camiones, ejercían como guardias antiaéreas y como enfermeras. También trabajaron en comunicaciones, inteligencia y realizaban cientos de otras tareas críticas para el esfuerzo bélico. Adicionalmente, un papel vital que las mujeres jugaron fue asegurar que los soldados en la primera línea de batalla tuvieran munición adecuada.


Trabajadoras de municiones en un depósito de Nottinghamshire, en 1.917. Crédito de la foto: Imperial War Museum.

Desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial, los británicos tuvieron problemas para producir la cantidad de armas y municiones que requerían las fuerzas armadas del país. Después de varios ataques mordaces de la oposición y los medios de comunicación en 1.915, el gobierno británico aprobó la “Ley de Municiones de Guerra de 1.915” para aumentar la supervisión y la regulación gubernamental de la industria.


Dos trabajadoras de municiones se paran junto a ejemplares de proyectiles producidos en una fábrica de Nottinghamshire durante la Primera Guerra Mundial. Crédito de la foto: Imperial War Museum

Para maximizar la producción de municiones, las empresas privadas que suministraban a las fuerzas armadas quedaron bajo el estricto control del recién creado Ministerio de Municiones. Se reglamentaron los salarios, las horas y las condiciones de empleo. Asimismo se prohibieron las huelgas y el abandono del puesto de trabajo sin el consentimiento del empleador. La ley también obligó a las fábricas a emplear mujeres debido a la escasez de hombres sanos, la mayoría de los cuales luchaban en la guerra. Al final de la guerra, el gobierno británico contaba con más de 4.000 fábricas de municiones bajo su control, empleando a casi un millón de trabajadoras.


Trabajadora de municiones perforando los cuerpos de granadas de mano Mills en Nottinghamshire. Crédito de la foto: Imperial War Museum

Mientras que las mujeres que trabajaban en las líneas de montaje se salvaron de los horrores de las trincheras, sus trabajos no eran menos peligrosos. Las fábricas de municiones a menudo eran el objetivo principal del enemigo, sufriendo constantes bombardeos. También existía el riesgo de explosiones.


Trabajadoras en Hereford. Crédito de la foto: Imperial War Museum

“En estas fábricas, tomaban la carcasa de la munición, la llenaban de pólvora, luego colocaban un detonador en la parte superior y lo cerraban todo”, dijo la investigadora Amy Dale a la BBC. “Si lo hacían demasiado fuerte, explotaría. Le pasó a una señora, que estaba embarazada en ese momento. Quedó ciega y perdió ambas manos”.

Las prendas de nailon y seda fueron prohibidas, ya que estos materiales acumulan electricidad estática y pueden generar chispas,lo que supondría un gran peligro de explosión. Las mujeres se desvestían casi por completo cada día que iban a trabajar. Tenían que quitarse todos los objetos que contenían metales, incluidos sujetadores con clips de metal y horquillas.


Trabajadoras de municiones fabricaban proyectiles de artillería pesada en una de las fábricas de Vickers Limited, en mayo de 1.917. Crédito de la foto: Imperial War Museum.

Los accidentes en extrañas circunstancias con explosivos eran comunes y costaban la vida a muchas trabajadoras. Al menos tres grandes explosiones ocurrieron durante este período, acabando con la vida de más de 300 trabajadoras y lesionando a cientos más. Otro riesgo laboral de trabajar en una fábrica de municiones fue la exposición constante a productos químicos tóxicos.


Trabajadores de municiones pesando proyectiles en una fábrica en el área de Birmingham, en marzo de 1.918. Crédito de la foto: Imperial War Museum

Muchas mujeres trabajaron con trinitrotolueno (TNT), que se usa en la fabricación de explosivos, y cordita, que se usa como propulsor en cartuchos. Cuando se desprende cordita, los gases en expansión expulsan balas y proyectiles fuera del cartucho y fuera del cañón. La fabricación de TNT y cordita involucra sustancias corrosivas tales como ácido sulfúrico y nítrico. Los humos de estos ácidos le dieron a la piel y al cabello de muchas mujeres un color amarillo, lo que les valió el apodo de “Canary Girls” (mujeres canarias).


Trabajadoras en la fábrica de municiones de Gretna.

En la HM Factory de Gretna, en el sur de Escocia, que era la fábrica de corditas más grande del mundo y empleaba a 12.000 mujeres, mezclaban pasta de cordita en grandes cubas con sus propias manos. Este brebaje particularmente desagradable fue bautizado como “Devil’s Porridge” (gachas del diablo) por Sir Arthur Conan Doyle, autor de la famosa serie de Sherlock Holmes, cuando visitó la fábrica de municiones en diciembre de 1.916. Sir Doyle quedó particularmente impresionado con “esas sonrientes chicas vestidas de color caqui, sin preocuparse por el hecho de que podrían volar en pedazos al más mínimo error“.

De hecho, había más riesgos para la salud si se trabajaba en una fábrica de TNT, que por un poco de inofensiva coloración, cuyo efecto se diluía en un par de semanas.


Mujeres removiendo las “gachas del diablo” en la HM Factory de Gretna. Crédito de la foto: Devils Porridge Museum, Gretna.

El TNT es tóxico para el hígado, y la exposición prolongada causa anemia e ictericia, que le dan al cuerpo una coloración amarilla diferente. Unos 400 casos de ictericia tóxica se registraron entre las trabajadoras de municiones en la Primera Guerra Mundial, de los cuales 100 resultaron fatales. Algunas trabajadoras reportaron casos de desitengración de huesos en los años posteriores, mientras que otras desarrollaron problemas de garganta y dermatitis por tinción de TNT. Algunas mujeres incluso dieron a luz bebés de color amarillo. Estos bebés fueron llamados “Canary Babies” (bebés canarios).

En la actualidad, existe un nuevo museo cerca de Gretna que explora la historia de la HM Factory y destaca el papel que las mujeres jugaron en los esfuerzos de la guerra. Se llama “Devils Porridge Museum”.


Trabajadora de municiones inspeccionando granadas de mano Mills en una fábrica británica. Crédito de la foto: Imperial War Museum.


Crédito de la foto: Imperial War Museum.


Trabajadora dándole una capa de pintura a un proyectil.


Trabajadoras de municiones empujando un carro lleno de proyectiles para ser verificados por el inspector del gobierno, en junio de 1.918. Crédito de la foto: Imperial War Museum.


Trabajadoras pintando bombas aéreas en una fábrica británica, en junio de 1.918. Crédito de la foto: Imperial War Museum.


Trabajadoras de municiones clasificando piezas en una fábrica de ubicación no revelada en Gran Bretaña, probablemente en marzo de 1918. Crédito de la foto: Imperial War Museum.


Trabajadoras de municiones guiando a los proyectiles de obús para ser bajados al suelo en una fábrica de municiones de Nottinghamshire, en Reino Unido. Julio de 1.917. Crédito de la foto: Imperial War Museum.


Trabajadoras reunidas en la fábrica de municiones de Cubitts, en marzo de 1.918. Crédito de la foto: Imperial War Museum.













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